domingo, 27 de octubre de 2013



 
la “doctrina Parot”

 
Ni en el Tribunal Supremo son unos fascistas ni en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos son amigos de los terroristas.

 “Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún tu enemigo, aparta las mientes de tu injuria y ponlas en la verdad del caso. No te ciegue la pasión propia en la causa ajena, que los yerros que en ella hicieres, las más veces, serán sin remedio”. Este sabio consejo se lo da don Quijote a Sancho antes de ir a gobernar la ínsula Barataria en la segunda parte de esa joya de la literatura universal  que es el “Quijote”, y podría constituir la oportuna síntesis de una de las bases de las sociedades civilizadas, aquella por la que los conflictos y agravios que podamos recibir deben ser enjuiciados y resueltos por un tercero, un juez,  que actuando conforme a la Ley ofrezca la respuesta, en el caso penal, que la sociedad en cada momento entienda proporcionada en atención a las penas previstas en el Código Penal. Es decir, no cabe la autotutela de tus legítimos deseos de condena al delincuente que te ha hecho un daño directo, ya que es natural y plenamente comprensible que las víctimas quieran una condena equivalente al daño provocado por el delincuente, pero esa es la diferencia entre nosotros y los terroristas (y otros de similar ralea), no podemos bajar a su sucio nivel, y respetamos sus derechos aunque esa chusma haya convertido en profesión pisotear los nuestros.

 

Un aluvión de comentarios ha suscitado la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, por la se declara que la llamada doctrina "Parot” vulnera el artículo 5 del Convenio Europeo de Derechos Humanos al aplicar el Tribunal Supremo de forma retroactiva jurisprudencia más desfavorable al reo. La doctrina “Parot” tiene su origen en la sentencia del Tribunal Supremo del 28 de febrero de 2006 por la que los beneficios penitenciarios se aplican respecto de la totalidad de las penas impuestas en las sentencias y no sobre el máximo legal permitido en el Código Penal; esta doctrina del TS evidentemente posibilita una mayor permanencia en prisión del condenado y su revisión por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos reduce de manera importante la misma. Por tanto no se cuestiona el sistema penal español ni la sentencia “pone” coto a una supuesta vulneración sistemática de los derechos humanos en España; presentarlo de esta forma es desconocer los términos del debate, con independencia de que se esté a favor o en contra de la “doctrina Parot”. Se habla menos de que en 2003 se cambia el Código Penal (Ley Orgánica 7/2003, de 30 de junio, de medidas de reforma para el cumplimiento íntegro y efectivo de las penas) y si los delitos de la etarra  Inés del Río terrorista  se hubieran cometido a partir de esa reforma seguiría en la cárcel hasta 40 años, y la doctrina emanada de la referida sentencia no cuestiona en absoluto esta situación de ampliación efectiva del cumplimiento efectivo de las condenas.

 

Por todo esto me parece muy imprudente que, sin un mínimo conocimiento de estos datos básicos, algunos inicien un repique de campana para alabar esta sentencia como un supuesto “triunfo” de los derechos humanos de los reos, presentando al sistema penal español como una república bananera.  Por otra parte, comprendo el rechazo de unas víctimas con los nervios a flor de piel (han matado a sus seres queridos), a mí tampoco me gusta ver en la calle a esta etarra asesina al día siguiente de la sentencia, pero el  dolor de las víctimas del terrorismo, violaciones, asesinatos y otros crímenes horrendos debe ser respetado, nunca utilizado de forma torticera por unos extremistas que  te convierten de forma automática en amigo de ETA si no aceptas al dedillo sus bravuconadas, intentando monopolizar la natural rabia de las víctimas.

 

Se cuenta que, para pelotear de forma indecente al golfo de Fernando VII, el rector de la Universidad de Cervera mostró su adhesión al Rey traidor afirmando que “lejos de nosotros la peligrosa novedad de discurrir”; me temo que algunos se han adherido a tan “intelectual” hábito, y hablan, insultan y dictaminan, sin perder el tiempo en discurrir un mínimo sobre una cuestión que, por afectar al dolor de quien ha sufrido una violencia extrema, debe ser abordada con una exquisita sensibilidad, y por la complejidad que tiene exige la mesura que debe otorgar el conocimiento y la razón.

 

Hay que conseguir un debate sereno y responsable, ni en el Tribunal Supremo son unos fascistas por aplicar la “doctrina Parot” ni en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos son amigos de los terroristas por sentenciar en su contra.

 

lunes, 14 de octubre de 2013


 
EL DISCURSO DE CHARLOT

Mi columna de ayer en SUR. 

De todos y todas depende que la humanidad jamás pase por algo tan vil y asesino como el nazismo.

 

“Luchemos por el mundo de la razón. Un mundo donde la ciencia, el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad. Soldados: En nombre de la democracia, debemos unirnos todos." Así acabó el discurso el humilde barbero judío (interpretado magistralmente por Chaplin), quien usurpando la identidad de Hynkel (parodia de Hitler) sintetizó la repulsa total al nazismo y su obscena borrachera de sangre y odio. El cine Capitol, en la malagueña calle mármoles, rugió con un emocionado aplauso a esta escena del “Gran Dictador”, que no se pudo estrenar en España hasta la muerte de Franco, compañero de fechorías del personaje malo de la película. Lo recuerdo como si fuera ayer, porque junto con mi hermano Manolo era uno de los espectadores que aplaudían a rabiar ante ese pequeño soplo de libertad en una España que salía de una dictadura avanzando a duras penas a la Democracia, que con todas sus imperfecciones, estoy dispuesto a defender con uñas y dientes ante tanto iluminado de variado pelaje que vocifera su sustitución por la paz, pero la de los cementerios.

 

No puedo saber lo que tienen en la cabeza estas “bestias pardas” que bajo todo tipo de ropaje y simbología, se dedican al negocio de la muerte, el pateo de personas indefensas, la amenaza y a otros tipos del Código Penal. La raza, la unidad de la Patria o el anticomunismo son los iconos de esta cuadrilla; al igual que sus mayores, los que asolaron el mundo hace más de 70 años. La Democracia, la decencia, la dignidad del ser humano son signos de debilidad frente a la rocosa dureza de unas cabezas huecas de ideas rodeadas de un casco que no les permiten oír el dolor de sus víctimas. Y digo que no sé lo que tienen en la cabeza, porque en las venas sólo debe circular horchata; ¿cómo se puede elogiar y admirar a unos carniceros que superaron con creces cualquier otro episodio de la maldad humana a lo largo de la Historia? Los comandos móviles que masacraban poblaciones enteras en gigantescas fosas comunes, los campos de exterminio donde la vida o la muerte dependen del capricho de un psicópata asesino con una calavera en la gorra, y en todo caso el hambre y las enfermedades remataban la tarea. Me niego a seguir poniendo ejemplos, es tan obvia la maldad intrínseca del nazismo (y su primo hermano, el fascismo), verificada por tan dolorosas experiencias históricas, que esta gente no cabe en Democracia, son la antítesis de la misma.

 

No se trata de condenar ideologías; saben los lectores que yo defiendo la mía con el mismo vigor con el que lucharía para que cualquiera pueda tener la suya. Ser de derechas, de izquierdas, conservador, comunista, socialista, liberal…es una legítima opción al amparo del pluralismo político consagrado en el artículo 1 de la Constitución, sobre la base del respeto por todos de la democracia y los derechos fundamentales. El nazismo y el fascismo asientan su opción vital sobre la erradicación de esos valores y llegado el caso, la eliminación física de todos los que no piensen como ellos. Esa es la gran diferencia entre ellos y nosotros, y en ese “nosotros” estaré codo a codo con quien esté a años luz de mi visión del mundo, pero que seguro que acabaría conmigo ante un pelotón de fusilamiento si esta escoria llegara al poder. Y para que  no quepa duda alguna, si a lo largo de la historia algunos criminales han utilizado también el terror, arrasando a sangre y fuego la vida humana, son de la misma calaña y merecen el mismo desprecio que los nazis, aunque se pusieran una estrella roja en sus gorros. Si existe infierno, seguro que a Stalin lo han puesto en la misma suite que a Hitler, Mussolini o a Franco.

 

Tolerancia cero con estos indeseables; en España los grupos neonazis han protagonizados demasiados hechos delictivos para que no se pueda establecer una directa relación entre el delincuente que mata o lesiona y sus inspiradores y protectores políticos. Ya hay en España muertos, heridos, asaltos, agresiones, amenazas, delitos todos preñados del odio de la esvástica nazi. Con todas las garantías procesales (las mismas que ellos mandarían a la basura), si se logra acumular pruebas en ese sentido, no hay que dudar a la hora de actuar contra la cúpula de la extrema derecha española, al igual que en Grecia se ha hecho con el  partido nazi Amanecer Dorado. Quizás aún se podría evitar que algún joven pasara de las consignas simplistas al barro del delito y el odio que le marcará toda su vida.

 

“El odio pasará y caerán los dictadores, y el poder que se le quitó al pueblo se le reintegrará al pueblo, y, así, mientras el Hombre exista, la libertad no perecerá.”; esto decía el humilde y digno barbero en el mencionado discurso. De todos y todas depende que la humanidad vuelva a pasar por algo tan vil y asesino como el nazismo. Las crisis económicas son caldo de cultivo para estos fanáticos, por lo que recordando de nuevo al genial Charlot, “luchemos por un mundo nuevo, digno y noble”

 

 

 

 

 

viernes, 11 de octubre de 2013



 
HAMBRE SIN FRONTERAS

 

Mi columna en SUR del pasado lunes
 
La pobreza no se puede esconder debajo de la alfombra.

 

Se llamaba Piertr Piskozub, un ciudadano polaco que vivía en las calles de Sevilla; terminó su corta trayectoria en este mundo en un albergue municipal, tumbado en un sofá, parecía dormido, pero su cuerpo no daba más de sí. No se conoce las causas directas de su muerte, y un Juzgado las está investigando, pero el joven presentaba síntomas de deshidratación y desnutrición. Estos son los hechos objetivos, que hay que valorar con toda la sensibilidad y prudencia de este mundo, la primera para que no vuelva a ocurrir y la segunda para evitar disparar al aire antes de contar con más datos sobre este caso extremo de exclusión social. Para decirlo con más claridad, quiero creer que nadie en su sano juicio ha omitido prestaciones sanitarias o sociales básicas que pudieran evitar la muerte directa del joven Piertr. No participaré en ninguna caza de médicos ni trabajadores sociales, y confío en que la investigación judicial lo aclare todo.

 

Pero algo ha fallado. Los dispositivos públicos que tendrían que evitar que un ser humano caiga en situaciones tan sangrantes de pobreza,  no son suficientes para evitar que en nuestras calles el hambre sea una realidad cotidiana para muchas miles de personas, niños incluidos. El hambre, pasado un umbral, provoca la muerte, pero también mata la autoestima y la dignidad de muchos padres que no saben ya lo que hacer para que sus hijos puedan comer tres veces al día. Por eso no se puede entender que un alto dirigente del partido del Gobierno culpe a los padres de la desnutrición de sus hijos, y clama al cielo que un periodista que trabaja en la cadena de la conferencia episcopal se tome a guasa la medida de las autoridades andaluzas que pretende garantizar  comidas a los niños en los comedores escolares. No se puede deformar la realidad, ni España es una novela de Dickens, con niños harapientos y explotados poblando las calles, pero hay centenares de miles de hogares donde hay hambre y pobreza, y como señala José Esquinas, ingeniero agrónomo que ha trabajado 30 años en la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación),"España está viviendo un retroceso brutal en términos de hambre y sobre todo en malnutrición infantil", recordando que alrededor de nosotros los índices de malnutrición señalan que uno de cada cuatro niños no recibe una alimentación adecuada, según el último informe de Unicef.

 

Tiramos una parte importante de la comida que se compra a la basura, y según la FAO se produce alimentos como para alimentar hasta a un 70% más de la población mundial actual. Unos 842 millones de personas, cerca de uno de cada ocho habitantes del planeta, padecieron hambre crónico en 2011-13, según la misma agencia internacional. Para que se nos caiga la cara de vergüenza, por la parte que nos toca, y por mantener un sistema socioeconómico tan inmoral e inhumano. Para que de una vez se les caiga el chiringuito a los desalmados que ponen por encima sus intereses económicos frente al sufrimiento de tantas personas. Lo del mundo se arreglará con menos gastos militares, más cooperación internacional y ante todo con una estructura económica internacional radicalmente distinta a la que da lugar a esta desigual distribución de la riqueza en nuestro planeta.

 

En España, que logremos erradicar el hambre (que no es otra cosa que la expresión más dramática de la pobreza y la exclusión social), dependerá de que sepamos mantener los sistemas de protección social (sanidad, educación, seguridad social y servicios sociales) con suficientes recursos humanos y materiales para asegurar una vida digna a los ciudadanos, no hay otra alternativa, amigos y amigas. La solidaridad personal, familiar, las asociativas, las de la Iglesia Católica y demás Confesiones son de vital importancia, pero no pueden ni deben sustituir la obligación de los poderes públicos de remover los obstáculos para la igualdad sea real y efectiva entre todas las personas. La bondad y la voluntad de ayudar nos dignifica como personas, pero es la justicia social el instrumento de la colectividad  para garantizar que nadie se quede en la cuneta porque en su casa el paro en entrado para no salir. Con lo que está cayendo, hay gente que sigue  creyendo en la mano invisible del mercado y que repudian cualquier intervención pública en el mismo; allá ellos, pero la pobreza no se puede esconder debajo de la alfombra.

 

 

 

 

domingo, 29 de septiembre de 2013



MIS TRES ÚLTIMAS COLUMNAS EN SUR
 
 
 
SE LLAMA JAVIER

 

En la dependencia hay nombres, rostros y miles de historias con toneladas de ternura y sacrificio

 

Se llama Javier, pero ustedes pueden añadir  los nombres que seguro que conocen por un vecino, compañero de trabajo, conocido o familiar. En todos los casos se produce la reunión de sentimientos y emociones más singular que conozco, ya que con altibajos, se prolonga en el tiempo (a veces toda una vida) y ponen al mismo nivel el amor al ser querido, la rabia e impotencia ante lo irreversible y la capacidad de sacrificio más extrema. No hablo de heroicidades que aparecen en los medios de comunicación, no tendrán monumentos ni calles dedicadas, pero son miles de personas que todos los días, a todas horas, sin fiestas ni sábados ni domingos, batallan con las secuelas de un asalto cruel a la memoria por el Alzheimer, con una persona que quiere vivir en un cuerpo que no se mueve por culpa de un accidente o una enfermedad, o simplemente que no dan más de sí por los muchos años acumulados.

 

La dependencia, queridos lectores, es muy sufrida, casi siempre callada, pero si queremos construir una sociedad decente, esta dura realidad no puede ser olvidada. Los dependientes y los cuidadores deben formar parte de las agendas públicas porque cada vez habrá más personas que con carácter permanente (por edad, enfermedad o discapacidad) perderán su autonomía y necesitarán la atención de los cuidadores. Hace poco, en esta misma columna, escribía sobre la austeridad, que en mi opinión implica gastar en la cuantía y en los conceptos que son necesarios para llevar una vida digna. Si los recursos son escasos, como siempre pasa, la austeridad exige marcar prioridades en el gasto público, y no me cabe duda que dedicar recursos a que los cuidadores puedan ayudar a los dependientes a desarrollar sus actividades básicas de la vida diaria, es el dinero mejor gastado de este mundo, junto al dedicado a la sanidad, educación, o a la lucha contra el paro y la pobreza. Los defraudadores, los corruptos que saquean los dineros públicos o los derrochadores que los dilapidan por caprichos de un ego desmedido que todos pagamos, los inmensamente ricos que son incapaces de deletrear las palabras fraternidad y justicia, los especuladores que ponen de rodilla a los gobiernos para que recorten gasto social y así financiar sus chantajes con la deuda; en fin, toda esta cuadrilla de inmorales son los culpables; de ahí hay que sacar los recursos junto con el fomento de la actividad económica, y no recortando a los que no han creado a crisis, sino que la sufren.

 

Como dije al principio, tienen nombre, tiene rostro. Les cuento el que mejor conozco porque es mi sobrino y es autista, Javier, el niño (con sus 22 años) más cariñoso del mundo aunque vaya a su bola cuando quiere o sea capaz de repetir algo con una constancia agotadora. Mi hermano, mi cuñada, y el hermano de Javier lo han pasado mal y seguro que les quedarán muchos sinsabores, pero no han renunciado jamás a captar una sonrisa de este grandullón desde que era un bebé. El autismo no ayuda, aísla, lo pone difícil, muy difícil, pero las familias se han conjurado para que estos niños y jóvenes tengan derecho a ser felices en su mundo más o menos limitado. Lo mismo que los padres que quieren que su hijo en silla de ruedas puedan contar con algún momento de felicidad, o las hijas (casi siempre son mujeres) que se desviven para que a sus mayores la vejez no se convierta en sinónimo de pesadilla y soledad. Y podíamos seguir con miles de ejemplos, con miles de historias, con toneladas de ternura y sacrificio.

 

Mi reconocimiento a los dependientes que sufren (conscientemente o en su mundo), a sus familias y cuidadores, a las asociaciones que han formado. Todos luchan por sus seres queridos sin autonomía personal y se dedican en cuerpo y alma a su cuidado para que ellos, dentro de las limitaciones, también puedan disfrutar de la vida. Mi admiración  a esos padres que viven con modestia y ahorran para preparar (cuando ellos falten) las mejores condiciones para que Javier (o Pepe, Manolo o María) sigan viviendo rodeados del cariño, el mismo que ellos aportan a los que los quieren. Aunque a veces el ciclo se altera, y me van a  permitir por eso un emocionado abrazo a unos queridos amigos de Alicante, que hace poco han sufrido la pérdida anticipada e inesperada de su niño grande, Dios lo tenga en su gloria.

 
ESPAÑA NO ES EL PROBLEMA

 

Es la Nación española la titular de la soberanía nacional, y el único cuerpo político capacitado para decidir, modificación la Constitución, una eventual independencia de Cataluña.

 

Son miles de personas las que en varias ocasiones han llenado las calles para protestar por la política de recortes del gobierno del PP, y yo, que he participado en muchas de ellas y alguna experiencia tengo en manifestaciones, les aseguro que hacía tiempo que no asistía a movilizaciones de tal calado; esto debería hacer reflexionar a los que nos gobiernan y llevan a la ruina actuando al dictado de especuladores sin rostro ni patria, frente a los que hay que poner en valor la soberanía nacional, que recordemos, reside en el pueblo español, no en el andaluz, catalán o vasco.

 

Considero que es una maniobra de distracción la que protagoniza otro gobierno de derechas, el encabezado por Artur Mas en Cataluña, que ha impulsado el pasado 11 de septiembre, con gran éxito, una cadena humana de miles de ciudadanos en las calles para pedir que Cataluña se separe de España y así “solucionar sus problemas”, cuando sus problemas son los mismos que los de los demás españoles, y los causantes son los que están desmantelando el Estado Social de Derecho a golpe de decretos-leyes, da igual que se llamen Mariano Rajoy o Artur Mas. Sin embargo, leyendo y escuchando declaraciones de algunos de los asistentes, me entra la duda de si las centenares de miles de personas que salieron a la calle son todos independentistas, o cabe integrar en ese amplio colectivo a posiciones más matizadas (federalistas). Llamativo también resulta el entusiasmo en el apoyo a esta cadena humana del actual Gobierno catalán, y más en concreto Artur Mas, presidente de la federación Convergència i Unió y de Convergència Democràtica de Catalunya y actual presidente de Cataluña, grupo político que hasta ahora había mantenido una calculada ambigüedad en esta materia, es más, ha defendido el Estatuto de Cataluña, que no es otra cosa que una Ley Orgánica del Estado Español del que ahora quieren separarse.

 

¿Porqué este giro soberanista ahora?  Estoy convencido que este impulso de la causa independentista no es espontáneo, y llama la atención el que esté encabezada por un gobierno nacionalista conservador que se ha caracterizado por iniciar su andadura en 2010 con la mayor política de recortes sociales que ha sufrido Cataluña, hasta el punto de que al gobierno del PP le ha servido de modelo en el acelerado (alocado diría yo) proceso de desmantelamiento del sistema de servicios públicos; y ahora resulta que de todos los males de Cataluña es culpable España y no la política de derechas pura y dura que ejecuta Mas y sus nacionalistas; parece que la jugada le ha salido bien, y una parte importante de la opinión pública catalana piensa así. Ojalá los catalanes mantengan la suficiente conciencia ciudadana para identificar a los causantes de tanto paro y crisis económica en sus verdaderos responsables, las oligarquías económicas (incluidas las catalanas), y no en el conjunto de los españoles, que sufrimos la crisis igual que ellos.

 

Dicho lo anterior, sería una hipótesis de laboratorio pensar que la independencia de Cataluña depende solo de los catalanes, ya que esto sería simplemente imposible en términos constitucionales; es la Nación española (es decir el pueblo español) la titular de la soberanía (art. 1 de la CE), y en consecuencia el único cuerpo político capacitado para decidir, a través de la correspondiente modificación de la Constitución, una eventual separación de Cataluña del Estado español, y la propia sentencia del Tribunal Constitucional respecto al Estatuto de Autonomía de Cataluña ha cerrado cualquier duda jurídica al negar la naturaleza de Nación a esta Comunidad Autónoma.

 

En cualquier caso, me distancio y repruebo cualquier intento de criminalización política de este movimiento de apoyo a la independencia de Cataluña, ya que se ampara en el pluralismo político que inspira nuestro Estado Social y Democrático de Derecho y constituye  legítimo ejercicio de la libertad ideológica (art. 16 CE), libertad de expresión (art. 20 CE) y de manifestación (art. 21 CE). Por el bien de un proyecto en el que creo, la España unida en el modelo federal y solidario, quiero que este movimiento independentista no tenga ningún éxito, pero en la misma proporción espero por nuestra España democrática, que las amenazas y brabuconadas de sectores de ultraderecha se queden en mero testimonio de la España negra que entre toda la gente de bien hemos desterrado a la historia.   

 
LA AUSTERIDAD

 

La austeridad no debe ser un valor de la crisis, debe inspirar la gestión pública en todo momento

 

Son tiempos de crisis, y entre otras cosas ésta incorpora al lenguaje cotidiano, y en especial a la jerga institucional, la utilización masiva de frases y términos que aparecen como talismán para situar a quien las utiliza como alguien apegado al terreno; así no se les cae de la boca a muchos representantes institucionales la manida afirmación de “en época de crisis hay que ser austeros”. Siempre que la escucho o leo reacciono de la misma manera, ¡no sólo en época de crisis, hay que ser austeros siempre, con crisis o con bonanza”. Esta máxima, que un servidor defiende con total convicción, se practica poco, y comprobamos como grandes excesos de otros momentos, o se mantienen en el presente o incluso, con gran cinismo, se utilizan como excusa para recortes a prestaciones sociales, decididos curiosamente por los mismos que antes malgastaron.

 

La austeridad significa que hay que gastar solo en la cuantía y en los conceptos que son necesarios para llevar una vida digna, y como a nivel personal o como nación, no siempre contamos con la garantía de unos recursos estables, todo el ahorro que acumulamos en los momentos de más ingresos nos sirve para atender esas necesidades básicas en los momentos de crisis. Por eso, la austeridad no puede ser un valor de la crisis, debe ser un principio estructural presente en el día a día, y en especial entre los que gestionan la cosa pública.

 

En lo individual, siempre he creído que las necesidades personales, (sea cual sea el contexto de cada uno) tienen un límite. Nunca defenderé que la solución pase por una generalización de la miseria; será lícito el nivel de vida derivado del trabajo honesto de cada cual. Sin embargo, considero inmoral los derroches que algunos mantienen, no para atender sus necesidades (que las tiene más que cubiertas) sino por un “exhibicionismo social” propio de los que han escondido su conciencia tan bien que ya no saben donde la tienen. Medir la calidad de vida en consumir millonadas  simplemente porque se lo pueden permitir,  abofetea la dignidad de muchas personas que podrían vivir mejor con esos recursos malgastados. Esos personajes no le dan “glamour”  ni bienestar a ninguna ciudad o colectividad, más al contrario lo que hacen es desprestigiar todo lo que tocan. Por otra parte no hay que ser ingenuos, las riquezas de personajes (que, en muchos casos, unen un escaso talento y laboriosidad a su profunda indecencia), no siempre tienen un origen lícito y se corre el riego de acoger y potenciar socialmente a una cuadrilla de delincuentes.

 

En el plano público, la austeridad debe ser un mandato jurídico que inspire toda la actuación administrativa. Abogo por su articulación legal, de tal modo que sea posible su control al igual que la estabilidad presupuestaria o la disponibilidad de crédito en el Presupuesto. Hoy en día, si se tiene consignación, se sigue el procedimiento y no se incurre en un delito o en una manifiesta ilegalidad, se puede gastar todo lo que se quiera y en lo que se quiera, y así nos encontramos aeropuertos sin aviones, sueldos inmorales, museos que son un pozo sin fondo, cargos manifiestamente innecesarios, viajes oficiales donde se apunta hasta el último mono, lujosas ediciones que nadie lee y se acumulan en los almacenes, excesos en el protocolo que no responden a la necesaria hospitalidad y dignidad del cargo, …; son gastos formalmente legales pero que no respetan la necesaria austeridad. Esos recursos malgastados son los que después faltan para políticas sociales, aquellas que deberían convertirse en derechos irreversibles, sanidad, educación o seguridad social. Paradójicamente, PP y PSOE cambiaron la Constitución para consagrar la “estabilidad presupuestaria” (que, entre otras cosas, pone límites a los gastos sociales).

 

Hay que convertir en operativo el artículo 31.2. de la Constitución, que dice: “El gasto público realizará una asignación equitativa de los recursos públicos, y su programación y ejecución responderán a los criterios de eficiencia y economía”; se trata de que los controles internos (jurídicos y económicos) y el judicial puedan evitar derroches que superen con creces las necesidades objetivas y legítimamente definidas en los programas políticos de los que gobiernan. No se trata, ni mucho menos, de sustituir las prioridades en el gasto que deben definir los elegidos (directa o indirectamente) por el Pueblo, pero si evitar los gastos que no resistan un elemental contraste con la equidad. En síntesis, planteo la necesidad de reformas para que no pueda ser legal un gasto caprichoso e insostenible mientras millones de ciudadanos no tienen cubiertas sus necesidades básicas.

miércoles, 11 de septiembre de 2013



¿SON LOS DERECHOS HUMANOS?

 Mi columna de SUR de la semana pasada.

Que la ONU haga su trabajo y se defiendan todos los derechos humanos, pero dejando siempre una oportunidad a la Paz.

Llevamos varios días pendientes de los gestos y declaraciones de Obama respecto a la anunciada intervención militar de EEUU en Siria, donde la brutalidad del gobierno y de los rebeldes está provocando crímenes horrendos en la población civil. ¿Puede hacerlo? En Derecho Internacional la Carta de Naciones Unidas es clara al señalar que “Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado” (art. 2.4); por tanto está  prohibido el uso de la fuerza salvo en ejercicio del “derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un Miembro de las Naciones” (art.51) o cuando esté en juego 1a paz y la seguridad internacional y siempre previa autorización del Consejo de Seguridad (art.42). La intervención militar para defender los derecho humanos en un Estado en el que sus autoridades los viole, es una posibilidad cuyo debate se acentúa con los genocidios en Ruanda y la antigua Yugoslavia; la respuesta se articula en la llamada doctrina de la “responsabilidad de proteger”, recogida en el punto 139 del documento final de la Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno reunidos en Naciones Unidas en  septiembre de 2005 (y asumido por la Asamblea General en octubre), según la cual “estamos dispuestos a adoptar medidas colectivas, de manera oportuna y decisiva, por medio del Consejo de Seguridad, de conformidad con la Carta, incluido su Capítulo VII, en cada caso concreto y en colaboración con las organizaciones regionales pertinentes cuando proceda, si los medios pacíficos resultan inadecuados y es evidente que las autoridades nacionales no protegen a su población del genocidio, los crímenes de guerra, la depuración étnica y los crímenes de lesa humanidad”. Un ejemplo en la aplicación de esta doctrina lo encontramos en los bombardeos de 2011 contra las instalaciones gubernamentales en Libia, amparados en la resolución del Consejo de Seguridad 1973, de marzo de 2011.  Por tanto, las naciones han formulado una base para la intervención militar contra las atrocidades, acotando los casos y los requisitos, y reafirmado la necesaria autorización del Consejo de Seguridad de la ONU. El que EEUU sea la nación más poderosa no le autoriza a convertir la voluntad de su presidente en patente de corso para atacar a otra nación al margen de la legalidad internacional. EEUU no cuenta con el respaldo del Derecho Internacional para su anunciada intervención ya que no existe autorización del Consejo de Seguridad. ¿Qué le mueve entonces a iniciar esta guerra?, ¿la defensa de los derechos humanos?. Me da la impresión de que son otros intereses, geoestratégicos y económicos los que fundamentan esta intervención, ya que un mero repaso a la sistemática violación de los derechos en algunos Estados aliados de EEUU nos demuestra que el Tío Sam no mueve los tanques para evitar masacres, es más , en ocasiones lo hace para apoyar a dictaduras atroces.

Jamás defenderé al presidente sirio Al Assad, como tampoco lo hice con Sadam, Gadafi, ni otros tiranos y criminales de similar calaña, por cierto, no peor que la familia real de Arabia Saudí, tan sensible ante los crímenes en Siria, cuando mantiene un régimen teocrático y viola los derechos humanos sin rubor en su territorio. Pero la anunciada intervención, como creo que ha quedado demostrado, será otra versión del pateo al Derecho Internacional al que siempre han sido tan aficionados los sucesivos gobiernos de EEUU. ¿Quién ha cometido la masacre con armas químicas?; no sé si el régimen sirio sería capaz, pero demostraría ser tonto, aparte de asesino, pues le habría dado la excusa perfecta a Obama y aliados para justificar la guerra. La ONU envía inspectores a la zona, pero los servicios secretos de EEUU (que son más listos, ya se sabe) dicen que no hace falta esperar a lo que digan los inspectores, el secretario de Defensa estadounidense, Chuck Hagel, afirma que según la información de inteligencia “no fueron los rebeldes y que el Gobierno sirio fue el responsable". ¿Se acuerdan de las armas de destrucción masiva en Irak?, hasta fotos sacaron en la ONU, después se demostró que eran mentira, pero los muertos, muertos quedaron.

No soy partidario de mirar a otro lado ante los crímenes que algunos gobiernos perpetran contra sus pueblos, pero el uso de la fuerza por los Estados se debe ajustar a la legalidad para evitar a los matones internacionales.  Que la ONU haga su trabajo, que se defiendan todos los derechos humanos sin distinción, pero sin hacerlo depender de los intereses económicos y geoestratégicos de las grandes potencias y dejando siempre una oportunidad a la Paz.



 
LA AUSTERIDAD
Mi columna del lunes del SUR.
 
La austeridad no debe ser un valor de la crisis, debe inspirar la gestión pública en todo momento
Son tiempos de crisis, y entre otras cosas ésta incorpora al lenguaje cotidiano, y en especial a la jerga institucional, la utilización masiva de frases y términos que aparecen como talismán para situar a quien las utiliza como alguien apegado al terreno; así no se les cae de la boca a muchos representantes institucionales la manida afirmación de “en época de crisis hay que ser austeros”. Siempre que la escucho o leo reacciono de la misma manera, ¡no sólo en época de crisis, hay que ser austeros siempre, con crisis o con bonanza”. Esta máxima, que un servidor defiende con total convicción, se practica poco, y comprobamos como grandes excesos de otros momentos, o se mantienen en el presente o incluso, con gran cinismo, se utilizan como excusa para recortes a prestaciones sociales, decididos curiosamente por los mismos que antes malgastaron.
La austeridad significa que hay que gastar solo en la cuantía y en los conceptos que son necesarios para llevar una vida digna, y como a nivel personal o como nación, no siempre contamos con la garantía de unos recursos estables, todo el ahorro que acumulamos en los momentos de más ingresos nos sirve para atender esas necesidades básicas en los momentos de crisis. Por eso, la austeridad no puede ser un valor de la crisis, debe ser un principio estructural presente en el día a día, y en especial entre los que gestionan la cosa pública.
En lo individual, siempre he creído que las necesidades personales, (sea cual sea el contexto de cada uno) tienen un límite. Nunca defenderé que la solución pase por una generalización de la miseria; será lícito el nivel de vida derivado del trabajo honesto de cada cual. Sin embargo, considero inmoral los derroches que algunos mantienen, no para atender sus necesidades (que las tiene más que cubiertas) sino por un “exhibicionismo social” propio de los que han escondido su conciencia tan bien que ya no saben donde la tienen. Medir la calidad de vida en consumir millonadas  simplemente porque se lo pueden permitir,  abofetea la dignidad de muchas personas que podrían vivir mejor con esos recursos malgastados. Esos personajes no le dan “glamour”  ni bienestar a ninguna ciudad o colectividad, más al contrario lo que hacen es desprestigiar todo lo que tocan. Por otra parte no hay que ser ingenuos, las riquezas de personajes (que, en muchos casos, unen un escaso talento y laboriosidad a su profunda indecencia), no siempre tienen un origen lícito y se corre el riego de acoger y potenciar socialmente a una cuadrilla de delincuentes.
En el plano público, la austeridad debe ser un mandato jurídico que inspire toda la actuación administrativa. Abogo por su articulación legal, de tal modo que sea posible su control al igual que la estabilidad presupuestaria o la disponibilidad de crédito en el Presupuesto. Hoy en día, si se tiene consignación, se sigue el procedimiento y no se incurre en un delito o en una manifiesta ilegalidad, se puede gastar todo lo que se quiera y en lo que se quiera, y así nos encontramos aeropuertos sin aviones, sueldos inmorales, museos que son un pozo sin fondo, cargos manifiestamente innecesarios, viajes oficiales donde se apunta hasta el último mono, lujosas ediciones que nadie lee y se acumulan en los almacenes, excesos en el protocolo que no responden a la necesaria hospitalidad y dignidad del cargo, …; son gastos formalmente legales pero que no respetan la necesaria austeridad. Esos recursos malgastados son los que después faltan para políticas sociales, aquellas que deberían convertirse en derechos irreversibles, sanidad, educación o seguridad social. Paradójicamente, PP y PSOE cambiaron la Constitución para consagrar la “estabilidad presupuestaria” (que, entre otras cosas, pone límites a los gastos sociales).
Hay que convertir en operativo el artículo 31.2. de la Constitución, que dice: “El gasto público realizará una asignación equitativa de los recursos públicos, y su programación y ejecución responderán a los criterios de eficiencia y economía”; se trata de que los controles internos (jurídicos y económicos) y el judicial puedan evitar derroches que superen con creces las necesidades objetivas y legítimamente definidas en los programas políticos de los que gobiernan. No se trata, ni mucho menos, de sustituir las prioridades en el gasto que deben definir los elegidos (directa o indirectamente) por el Pueblo, pero si evitar los gastos que no resistan un elemental contraste con la equidad. En síntesis, planteo la necesidad de reformas para que no pueda ser legal un gasto caprichoso e insostenible mientras millones de ciudadanos no tienen cubiertas sus necesidades básicas.

miércoles, 28 de agosto de 2013




DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS (CORTITA, DE VERDAD)

Ayer publiqué la primera “nota de trabajo”; me salió muy larga y cansina. Quiero hacer una declaración de principios y hacer propósito de enmienda; me gustaría contar con algún alma cándida que lea mis “notas”, por lo que la enmienda viene en el sentido de aligerar la extensión de las mismas (esta y las que vengan serán más cortas) y ampliar el abanico de materias, comenzando la exposición por las parcelas del saber que puedan tener una mayor amplitud de interesados (vamos, casi todas antes que el Derecho, vamos a reconocerlo) y terminándola con mis cosas de leguleyos. Procuraré anotar (de ahí viene el nombre) dejando la extensión y detalle para otras publicaciones.
Dicho lo anterior, con más o menos lectores, quisiera tener alguno a quien le pueda servir estos modestos escritos, pues han sido y serán redactados con la idea de aprovechar mi experiencia (más por la cantidad que por la calidad) de más de 40 años como lector (mis inolvidables Tebeos y Mortadelo y Filemón fueron los principales alicientes para aprender a leer, y no el “Mio Cid”, vamos a reconocerlo), en lo que aprender no sé si habré aprendido mucho, pero leer, releer, acertar, equivocarme, escribir, tirar lo escrito, me ha servido para adquirir ciertos hábitos en el trabajo de estudiar y enseñar (aprendiendo al mismo tiempo) que seguro puede ayudar a alguien, aunque sea para no equivocarse con mis mismos fallos.
Estas crónicas son de muchas horas, muchísimas, de  mesa y tarima, libros, papeles, manuscritos, bendito ordenador personal (gloria eterna a quien los inventó), lecturas tontas y prescindibles, otras esenciales,  y la sincera conciencia de lo mucho que queda por leer y lo cortita que es la vida para dejar algo que merezca ser leído. Y muchas clases, las recibidas de mis profesores, y las que he dado desde hace 26 años para desgracia de los que se han matriculado de mis asignaturas (bueno, los de asignaturas obligatorias no tenían más remedio si querían sacar la carrera, los pobres no podían escapar).
Los destinatarios iniciales de estas notas eran mis hijos, Pedro y Laura, ya estudiantes de Derecho (María, con 11 añitos, se resiste con habilidad alegando que es menor), y lo que quería era que sirviera de guía orientativa en los inicios de sus estudios universitarios. Como era público cautivo (en casa los pillaba, incluso con arresto domiciliario, al menos para darles la tabarra un ratito) y son mis hijos, angelitos, por no ofender a su anciano padre, no tengo muy claro si les sirve los discursitos que les doy; ellos dicen que sí, pero noto en sus rostros a la medida en que pasa los minutos una cara de desesperación y observo que miran las posibles salidas (puertas y ventanas) en caso de que mi matraca se extienda más de lo que todo buen hijo deba soportar (el cariño filial tiene sus límites). Trini, mi mujer, compañera de carrera (y por tanto sufridora desde tiempo inmemorial), la verdad es que disimula mejor que los niños el sueño que le entra con mis charlas de “método”. Los alumnos, como ha quedado dicho, llevan años escuchando estas “guías” de lectura. Pues bien, como el sadismo no tiene límites, ahora extiendo por la red estas notas.
Y como lo prometido es deuda, termino. En próximos días, meses, años, decenios, (lo de siglo me parece arriesgado) se irán consignando aquí, en mi blog, y en mi web. Espero que esta perorata ayude a que las próximas “notas de trabajo” no provoquen una huida masiva, sino ordenada.
Siempre habrá un ingenuo despistado que caiga en su lectura; si algo aprende de mis equivocaciones y aciertos me doy por satisfecho. Pero no quiero dejar de decir que de lo que más he aprendido es de la conversación con gente de todo tipo, desde grandes universitarios hasta modestos trabajadores; en todos encontré sabiduría y calidad humana.
Por si a alguien le sirve, nunca olvidaré a Antonio Segura, cuyo nombre de “guerra” en la clandestinidad  era “el tumbas”, veterano militante comunista en el franquismo. Este hombre era conductor de un motocarro y hacia “portes”; así se ganaba la vida, no tenía estudios, pero os puedo asegurar (yo estaba presente), que sin prepararlo y de un tirón, era capaz de hablar durante una hora de las relaciones económicas derivadas del descubrimiento de América, y en concreto en su influencia en las finanzas de la Corona española en conexión con los banqueros de Carlos V; ¡vamos!, como decimos en Málaga, un artista.