lunes, 8 de julio de 2013

 
"CARLOS HAYA Y LA MEMORIA HISTÓRICA", mi columna de hoy en SUR.

No hay Justicia si no se cierran las heridas con la verdad; ocultarla es el peor remedio para la vida en común de los españoles.

Las Administraciones públicas deben retirar las menciones de exaltación de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura; no es una recomendación o una opinión, es un deber l...egal previsto en la Ley 52/2007, artículo 15, con un fundamento ético que comparto totalmente. Mantener el reconocimiento a quienes participaron en el golpe militar que acabó con la legalidad constitucional existente, provocó una guerra fraticida entre españoles y una dictadura del terror durante 40 años es simple y llanamente incompatible con el respeto que merecen las victimas de esos acontecimientos desgraciados.

Realmente no acabo de entender el revuelo montado con la difusión de una decisión adoptada hace unos tres años y que en respuesta a un acuerdo parlamentario, cambia la denominación Hospital Regional Universitario “Carlos Haya”, por Hospital Regional de Málaga, suprimiendo el nombre de un militar que se unió al bando sublevado contra las instituciones constitucionales de la II República. Como toda decisión, habrá a quien le guste más o menos, pero entiendo que hay que ser riguroso y no caer en el argumento simplista de “¿no hay otras cosas más importantes que solucionar?” Es evidente que acabar con el paro o los recortes en servicios básicos de Sanidad y Educación son realidades inmediatas y de prioridad absoluta, pero que alguien me explique que incompatibilidad existe entre un mero expediente administrativo de cambio de nombre de un centro sanitario en cumplimiento de un deber legal y las medidas necesarias para acabar con el paro o mejorar la Sanidad. Lo criticable sería que fondos públicos que se deben destinar a atajar esos problemas se dedicaran a los gastos de cambios de rótulos o documentación; sin embargo hay un consenso de que la efectividad material del cambio de nombre puede esperar a tiempos mejores, y que reducir las listas de espera y mejorar la prestación sanitaria es la prioridad. ¿Porqué entonces tanta hostilidad a esta medida adoptada en otros ámbitos sin oposición alguna? El que suscribe, como portavoz de IU en el Ayuntamiento de Málaga llevó muchas iniciativas para librar al callejero de Málaga de símbolos y denominaciones de aquellos que sometieron al pueblo español con un golpe de Estado y una represión despiadada; la mayoría fueron aprobadas por unanimidad.

Desde la serenidad de que prácticamente ningún protagonista de esos hechos queda vivo por razones de edad obvias, las victimas son las que importan y su recuerdo y dignificación es el objetivo de estas iniciativas desde la recuperación de la memoria histórica. En Italia y en Alemania, después del fascismo y del nazismo, el homenaje a sus victimas se convirtió en una cuestión de Estado ¿a quién molesta que los familiares puedan saber donde están sus muertos? ¿porqué rendir homenaje a las victimas del franquismo se toma por algunos como un desprecio por las que pudieran producir elementos del bando republicano? El franquismo significó una depuración física del oponente político mediante la muerte y el terror planificado y ejecutado desde el Estado, fue en definitiva terrorismo de Estado en la misma línea de algunos miserables en otros países, me da igual que se llamaran Salazar, Mussolini, Hitler, Stalin, jemeres rojos, Pinochet o cualquier otro de similar ralea; gente como esa son mis enemigos, no mis compatriotas que hayan sufrido en sus familias crímenes siempre injustificables; por eso cuentan con mi respeto y compresión las personas que puedan apelar a sus familiares asesinados por su identificación ideológica y política con los que ganaron la guerra. No hay muertos de primera ni de segunda, da igual si el verdugo vestía una camisa de miliciano o una de falangista, en cualquier caso asesinar de forma fría a seres indefensos merece la misma repulsa.

Estimados lectores, rendir homenaje a quienes murieron por la libertad no puede ofender a nadie; se trata de que para las generaciones que vienen detrás de nosotros, la guerra civil y el franquismo, desde la distancia emotiva de no tener tan cerca el dolor de los hechos, solo se estudien en las clases historia de España y en las de Ética, porque afortunadamente sea impensable que nadie, sea quien sea, se sienta con el derecho a matar a otro por pensar de forma distinta. No hay vida digna sin Justicia, ni Justicia si no se cierran las heridas con la verdad; ocultarla es el peor remedio para la vida en común de los españoles.
"LAS BUENAS FORMAS Y LA POLÍTICA", mi columna de hoy en SUR.

Una cosa es generar opinión pública sobre los grandes temas de Estado, y otra muy distinta es crear fracturas irreconciliables a golpe de insultos y crispación.

Las buenas formas y la libertad de conciencia y de expresión pueden y deben convivir para logran una sociedad plural y democrática, y ante todo respirable, sin esconder lo...s conflictos pero tampoco convirtiendo cada posicionamiento personal o colectivo en un garrotazo inmisericorde a la dignidad de tu prójimo, que tiene el mismo derecho que tú a defender sus propias convicciones. Por buenas formas entiendo aptitudes de conducta convertidas en reglas básicas y no escritas que dentro de un amplio margen de apreciación, permiten que los seres humanos podamos convivir con los de nuestra especie de manera amable, grata y con nuestro honor indemne y que evita, por tanto, que la relaciones sociales se conviertan en una batalla campal donde al ganador le den la medalla de “macarra” mayor del reino. Si las buenas formas son esenciales en el ámbito cotidiano, familiar, profesional o de amistades, se convierten en una referencia de ejemplaridad en el plano público, y especialmente en el político, ya que un mal gesto o un insulto en un pleno municipal o en Congreso de los diputados está difundido de forma inmediata en los medios y en las redes sociales, creando un inevitable e injusto descrédito en la política y animando a los incondicionales a que imiten en grosería a sus “líderes” bravucones en una alocada carrera donde el disparate más gordo es el mejor considerado.

Las convicciones propias se pueden y se deben defender con convicción, no exenta de pasión en determinadas circunstancias, pero no se refuerzan porque del legítimo juicio crítico respecto al adversario político se pase a la descalificación personal y a expresiones injuriosas que nada tiene que ver con la libertad de expresión; superar esa barrera no denota mayor audacia o personalidad, al contrario pone de manifiesto la ausencia de límites éticos elementales y una clamorosa pobreza intelectual para argumentar. Porque de eso se trata, queridos lectores, de argumentos para luchar por tus creencias, y para tenerlos hay que partir de ideas, no de consignas sectarias, y es muy conveniente además consolidarlos con la solvencia y el rigor intelectual de la lectura (los libros no muerden) de lo publicado sobre la materia en cuestión. Mi experiencia como cargo electo en nuestra querida ciudad me ha demostrado que la defensa de una moción genera más consenso procurando convencer sin acritud, con amabilidad y si es posible con algo de humor e ironía; la proporción de iniciativas que lograba que se aprobaran demuestra que no era mal sistema éste (aunque a veces estaban prevenidos y no colaba). Lo antes dicho no impedía que fuera un martillo pilón a la hora de fiscalizar y criticar lo que a mi juicio eran actuaciones reprobables de los que gobernaban, y a veces, muy pocas, la respuesta del cargo público fiscalizado demostraba la necesidad de que se matriculara en un curso intensivo de buenas formas para evitar la confusión entre sus expresiones y las del pariente pequeño de la familia de los équidos.

Tenemos que convertir la política en una cuestión de todos, sin exclusión, y eso se consigue acercando a los ciudadanos a la cosa pública, intentando que lo sientan como algo suyo (y de hecho es así) y no de una minoría, pero no podemos hacerlo con el populismo y el desprestigio de los que elegimos en las urnas a favor de unos supuestos “salvadores” que la experiencia enseña que confunden a escala mayor sus intereses personales con los públicos (Gil y demás ralea son buen ejemplo). Los partidos, de acuerdo a la Constitución, son instrumentos de conformación de la voluntad popular y sus controles internos, junto a los de los tribunales, deben evitar que los golfos los utilicen para sus oscuros intereses. Pero los dirigentes políticos de cualquier nivel deben contribuir a ese prestigio de la acción política con honestidad, cumplimiento de la legalidad, austeridad y con la sensibilidad a flor de piel respecto a los graves problemas que sufre la gente, en especial el paro y la exclusión social. No hay que caer en el relativismo ideológico, la confrontación democrática es positiva, el contraste de ideas y soluciones provoca implicación en la política porque vemos reflejadas en tal o cual posición lo que nosotros pensamos; pero una cosa es generar opinión pública sobre los grandes temas de Estado, lo que es muy positivo, y otra muy distinta es crear fracturas irreconciliables a golpe de insultos y crispación.

miércoles, 12 de junio de 2013


"VISTO PARA SENTENCIA", mi columna del lunes 10 de junio en SUR

 
Cada “visto para sentencia” constituye una oportunidad para la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su derecho.

Jesús miró a sus discípulos  y les dijo: “No juzguéis a nadie y Dios no os juzgará a vosotros. No condenéis a nadie y Dios no os condenará. Perdonad y Dios os perdonará.” (Lucas, 20, 37); sin perjuicio de las convicciones religiosas de cada uno, buen criterio general es éste para evitar juicios precipitados, opiniones infundadas y esa enorme capacidad humana para encontrar defectos en los demás que reconocemos tan bien porque los practicamos con asiduidad nosotros mismos. Dicho lo anterior, en una sociedad civilizada el conflicto existe (en las dictaduras se oculta y reprime) y su solución, cuando los interesados no llegan a un consenso, debe encontrar una respuesta justa para las partes y conforme a Derecho (orden jurisdiccional civil, social y contencioso-administrativo); cuando alguien lesiona de forma grave bienes jurídicos que la sociedad considera de vital importancia, es decir comete un delito o una falta, salvo contadas ocasiones, las partes afectadas no pueden decidir la respuesta, ésta viene predeterminada en el Código Penal, lo contrario implicaría una justicia penal a la carta donde el asesino o el estafador conseguiría el “perdón” de la victima, (probablemente con coacción o dinero) pateando derechos básicos irrenunciables. La Constitución reserva a los órganos jurisdiccionales la función de juzgar y hacer ejecutar lo juzgado, que implica declarar el derecho para cada caso concreto y por eso se les reviste de una potestad que el común de los mortales no tenemos, con sus consiguientes responsabilidades. Lo que juzgados y tribunales declaran en sus sentencias afecta directamente a las partes y es de obligado cumplimiento. Y estas personas con tanta capacidad para incidir en nuestras vidas no salen de la chistera, son jueces tras duros años preparando unas oposiciones, el sistema más eficaz para que sean independientes y no deban ningún favor a nadie.

Los jueces no son mejores ni peores que el resto, tienen miserias y grandezas, como todo hijo de vecino, y desde luego en el ejercicio de sus funciones no son infalibles, se pueden, y de hecho, se equivocan en sus decisiones, y para eso está el sistema de recursos y la responsabilidad disciplinaria; sus resoluciones deben ser respetadas pero también pueden ser criticadas, aunque sería conveniente que para hacerlo se lean enteras y con ciertos conocimientos para comprender que los órganos jurisdiccionales no pueden decidir libremente, lo deben hacer conforme a unas leyes que a veces son imperfectas o injustas, pero que tienen que aplicar porque de lo contrario cometerían prevaricación; es al Parlamento a quien le corresponde rectificar esas disfunciones porque a él es a quien a elegido el Pueblo, no a los jueces, que igual que el resto de los poderes públicos y de los ciudadanos, están sometidos al imperio de la Ley como expresión de la voluntad popular.

Este es nuestro sistema judicial, mejorable sin lugar a dudas, pero creo que son peores aquellos donde los jueces y los fiscales son “elegidos” en la práctica por los grupos de presión más poderosos. Hay que preguntarse, ¿a quién le conviene un Poder Judicial raquítico y sin medios?, no hace falta ser un “lince” para concluir que los grandes poderes económicos que se creen por encima del Estado y sus instituciones son los beneficiarios de una Justicia lenta y sin capacidad de respuesta, y para colmo ahora llega la “justicia para ricos” que Ruiz-Gallardón introduce con el nuevo régimen de tasas judiciales.

España es uno de los países de la Unión Europea con la ratio más baja de jueces por ciudadanos, y cambiando este panorama se podría conseguir que los lesionados en sus derechos e intereses obtengan la rápida tutela judicial. Con esta brutal crisis económica, unos juzgados dotados de medios pueden conseguir que los concursos de acreedores sean instrumentos para salvar las empresas y no el acta de defunción de las mismas. Y sin jueces valientes e independientes, el hotel Algarrobico hoy estaría en funcionamiento y no sería posible su necesario derribo, o los supuestos desmanes de algunos miembros de la familia real quedarían impunes. En el pasivo, encontramos la paradoja de que se expulsa de la carrera judicial, con argumentos jurídicos más que discutibles, a Baltasar Garzón por sus actuaciones para acabar con una trama corrupta.

 A pesar de la falta de medios, todos los días jueces, fiscales, abogados, secretarios judiciales, procuradores, funcionarios de la Administración de Justicia, en pueblos y en grandes ciudades, trabajan para que cada “visto para sentencia” constituya una oportunidad para la Justicia, que no es otra cosa que, citando a Ulpiano, la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su derecho.

 

domingo, 2 de junio de 2013


 

"CÓMICOS", mi columna de hoy en SUR

 

Los actores son mujeres y hombres que al interpretar, han sabido “hacer” de otros siendo ellos mismos.

 

Febrero de 1975, por primera vez en España los actores defiende sus derechos con una huelga; Franco está vivo y el régimen no gasta remilgos con los “cómicos”, detenciones y fuertes multas acaban con el paro del sector, pero sacó lo mejor del mismo, con la solidaridad de figuras consagradas que se incorporaron al paro y con un apoyo general mediante colectas para sacar de la cárcel a los líderes de la protesta. Víctor Manuel le puso música al panorama cotidiano de las actrices y actores españoles, “duermen vestidos, viven desnudos, beben la vida a tragos. Son adorados, son calumniados,  como dioses de barro”. “Cómicos” era la forma genérica de llamar a todos los que interpretaban, desde las viejas compañías que recorrían la geografía española hasta los que actuaban en teatros consagrados, con la ulterior incorporación del cine y la televisión; es una profesión que ha existido desde la antigüedad y que como dice la canción recibe a la par halagos y desprecios, y que día a día se gana su derecho a la dignidad profesional y laboral con el concurso de los que escriben, dirigen e interpretan, y la necesaria colaboración de los que producen y dan la cobertura técnica para la fotografía, sonido o atrezzo. No es un oficio fácil, lo saben los actores de ahora y los del futuro que ahora se preparan en nuestras escuelas de arte dramático; antes era peor, y en “Ay, Carmela!”, Carlos Saura lo describe de forma magistral con su entrañable compañía “Carmela y Paulino, Varietés a lo Fino” o un no menos genial Fernando Fernán Gómez, que en su “El viaje a ninguna parte” nos recrea el declive de la compañía de D Arturo Galván, y su quijotesca resistencia a los nuevos tiempos.

 

El “artisteo”, como a veces de forma peyorativa se llama a los intérpretes, son mujeres y hombres que han sabido “hacer” de otros, siendo ellos mismos; unos lo harán mejor y otros no serán tan brillantes, ¡cómo en todos los oficios!, pero no acabo de entender esa inquina que a veces sufren, en especial los que al recoger un premio a sus méritos  expresan lo que piensan de la guerra o de la crisis, y si embargo esos críticos jalean con entusiasmo al galán venido a menos que califica de “manada” a los manifestantes contra el PP. En fin, gustos aparte, en este gremio hay de todo, y es evidente que defectos como la soberbia, el divismo y la  frivolidad encuentran entre los actores y actrices un espacio de mayor visibilidad por la naturaleza de personas públicas que tienen, pero en otros trabajos encontramos también insoportables especialistas en su ombligo, aunque su público sea reducido y cautivo (empleados, subordinados, alumnos…) y no por eso condenamos a la “hoguera de las vanidades” al grupo a los que pertenecen. A lo mejor es buen momento para recordar que cuando en EEUU se desata la caza de brujas contra los comunistas, reales o ficticios, en el “frívolo” Hollywood algunos actores, directores y guionistas dan con sus huesos en la cárcel y sufren ostracismo por defender las libertades civiles más elementales

 

No sé a ustedes, queridos lectores, pero mi vida, con alegrías y penas, como todos, se hace más amable cuando disfruto de interpretaciones sublimes en teatro, cine o televisión, poniendo carne y hueso a emociones y experiencias, con historias bien escritas y con puestas en escena de gran belleza. El binomio candidez-dignidad de Azarías en los “Santos Inocentes”  no es imaginable sin el rostro y voz de alguien de la talla de Paco Rabal y no es posible entender como éramos y somos los españoles sin un guionista como Rafael Azcona o directores como Berlanga y su peculiar forma de crear ternura y humor en medio de una guerra en “La vaquilla”. Sin el “artisteo” no tendríamos esa gran historia de amor y remordimientos protagonizada por Lucía Bosé y Alberto Closas en “Muerte de un ciclista” de Juan Antonio Bardem ni hubiéramos reído y pensado igual si Pepe Isbert no se hubiera colado en nuestras vidas en “Bienvenido Mr. Marshall” o “El Verdugo”. Perdonen la deformación profesional, pero no me resisto a recomendar a mis alumnos el memorable canto a la justicia de “Matar a un ruiseñor”, con un Gregory Peck encarnando al valiente y honesto abogado Atticus Finch. Y el cine, digámoslo todo, ha permitido que belleza e inteligencia se pusieran al mundo por montera en “Con faldas y a lo loco”, y una espectacular Marilyn Monroe. No soy un cinéfilo, pero se me ocurren centenares de ejemplos como los mencionados, ejemplos de personas que construyen visibles mundos paralelos que te hacen reír, llorar y pensar, cortando el tiempo entre un “acción, se rueda” y un “corten, fin”.
 
 
ACUÉRDATE DE LO QUE UN DÍA YO ESCRIBÍ. PALABRAS PARA LAURA

Ayer fue un día raro, el tiempo, los días, los años no dan tregua, la niña que con tres años comenzaba una etapa es ahora una mujercita noble, inteligente, guapa, terca como una mula, es ella misma, aunque a veces otro terco, como soy yo, pretenda marcar ritmos que solo corresponde a quien lo baila. Laura celebró ayer su graduación como ...bachiller, las coletas de antaño son ahora complejos procesos de adorno externo incompresibles para mí, ahora no solo se plancha la ropa, también el pelo, en fin, una cabecita bien organizada y llena de lecturas e ilusiones. Más de 90 jovencitas/os vestidos de gala y mirando a su inmenso futuro sobre su corto pasado; si Dios quiere, y la selectividad permite, se verá con su hermano mayor, Pedro, que ya anda por la Facultad de Derecho, mi querida Facultad y casa académica, estudiando y salvando el mundo, como corresponde a su edad, como hacían sus padres en nuestro querido edificio del Palo hace ya muchos, demasiados años. María es la única que sigue en edad escolar, y sus amigas/os, Lucas (nuestro perro), el baloncesto y su familia son sus prioridades en el día a día de una niña alegre y buena.

Me gustaría ser poeta para transmitir lo que siento en momentos como éstos, cuando tu hija pasa a una nueva etapa de su vida, donde se formará para ganarse la vida, pero para también ser una ciudadana ejemplar, honesta y comprometida con las causas nobles y justas. Eso es lo quiero para ella, y sus hermanos, que sean muy felices y que defiendan su dignidad luchando por la de todos.

No soy poeta, pero los leo, y José Agustín Goytisolo, uno de mis favoritos, en «Palabras para Julia» uno de sus más célebres poemas, y musicado y cantado por Paco Ibáñez y Rosa León) dedica las más bellas palabras que he leído de un padre a un hijo; la escribe Goytisolo a su hija Julia, llamada así en homenaje a su madre muerta en una bombardeo de los franquistas en Barcelona. Ayer, cuando mi hija subía a recibir su insignia sus hermanos, su madre y yo no cabíamos en el asiento del orgullo que sentíamos; estoy seguro que desde el cielo, su abuelo y su tío Manolo sentían lo mismo.

Tienes Laura toda la vida por delante, cuando te matricules para estudiar las leyes que ordena la convivencia, conocerás las miserias y las grandezas de los seres humanos, y como el Derecho es un instrumento que sirve para una cosa y la otra; dentro de tu libertad para organizar tu vida, elige siempre las grandezas, la bondad, la fraternidad, y eso querida hija, solo tiene una trinchera, la de la JUSTICIA; habrá muchos mercenarios para defender a los desalmados y los inmorales que usan a sus semejantes como un pañuelo de usar y tirar.

Cuando dentro de unos años te veas acudiendo a la graduación de tu hija o tu hijo, como decía el poeta, “siempre, siempre acuérdate de lo que un día yo escribí, pensando en ti como ahora pienso.”

http://www.youtube.com/watch?v=9LXugbHRvUg
http://www.youtube.com/watch?feature=endscreen&v=C7Zsb0Y8Tpg&NR=1

PALABRAS PARA JULIA
(José Agustín Goytisolo)

Tú no puedes volver atrás

porque la vida ya te empuja

como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir

con la alegría de los hombres

que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada

te sentirás perdida o sola

tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán

que la vida no tiene objeto

que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti como ahora pienso.

La vida es bella, ya verás

como a pesar de los pesares

tendrás amigos, tendrás amor.

Un hombre solo, una mujer

así tomados, de uno en uno

son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti

cuando te escribo estas palabras

pienso también en otra gente.

Tu destino está en los demás

tu futuro es tu propia vida

tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas

que les ayude tu alegría

tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti

como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes

junto al camino, nunca digas

no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás

como a pesar de los pesares

tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección

y este mundo tal como es

será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte

nada más pero tú comprende

que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti como ahora pienso.

lunes, 27 de mayo de 2013


 

"LAS BATAS BLANCAS", mi columna de hoy en SUR

 Cuando esté enfermo quiero ver una bata blanca y no una del color del dinero

 Normalmente es lo primero que nos encontramos cuando nacemos (aunque eso nos lo cuentan, que entre berridos no estamos para muchos recuerdos) y lo último que veamos en el paso final; sí, hablo de las batas blancas, el  uniforme de ese peculiar ejército que para iniciar su oficio juran, apelando al griego Hipócrates, que defenderán la vida y salud de sus pacientes, de todos nosotros, que de una manera u otra lo seremos a largo de la vida. También la bandera blanca permite el cese, aunque temporal, de las hostilidades dentro del llamado derecho humanitario en los conflictos armados. Es un color que denota paz y ayuda a los semejantes, y ahora salen a la calle, como una marea blanca, para confluir con el color verde de los que se dedican al noble oficio de la enseñanza y el naranja que reúne a los profesionales del Trabajo Social y que día a día se dejan la piel para evitar que muchos conciudadanos caigan a la cuneta de la exclusión social. Estas mareas, junto a otras de similar naturaleza, quieren ponerle color a la indignación de un País que no se resigna a que la cuenta de resultados de unos especuladores internacionales se ponga por encima de la salud, la educación y el bienestar social de la gente.

He tenido el honor de asistir a varios actos donde jóvenes licenciados en Medicina se incorporaban a la práctica de su profesión mediante la incorporación al Colegio de Médicos; procuraba fijarme en sus caras y gestos, chicas y chicos que llevaban ya una mochila de mucho flexo y pestañas quemadas con el “Harrison”, el “Lehninger” y otros mamotretos similares, mucho laboratorio, y exámenes MIR; y lo que tenían por delante, años de formación sanitaria, y cuando se quieren dar cuentan, se acercan los 40 y aún no le han dado la oportunidad de demostrar su valía para un puesto fijo en la sanidad pública porque se congelan las oposiciones. Pero ese día eso no importa, son ya médicos y juran defendernos frente a la enfermedad y convertir nuestra salud en su batalla diaria. Cada uno lo hará en su especialidad, ya que son muchos los frentes que tienen por delante porque los seres humanos somos de cristal y nuestros cuerpos y mentes sufren muchos ataques, tantos que la ciencia no da abasto para responder al cien por cien. ¡Qué vulnerable somos ante la enfermedad!, desde el maldito tumor que tratan de parar los oncólogos a esa chica preciosa que cae en la anorexia porque su mente le deforma lo que el espejo le dice y destroza su cuerpo ante el terror de seres querido. Los médicos, junto a los profesionales de la Enfermería, Farmacia, Odontología, y de otras actividades sanitarias, lo que piden es que los recortes y la privatizaciones no les obliguen a rendirse frente a la enfermedad, que al menos tengan la oportunidad de plantar cara al dolor humano, de evitarlo o al menos atenuarlo y si la cosa no tiene remedio, que nos ayuden a irnos  con dignidad. No se puede perder ni un día, cada batalla ganada a la enfermedad es esperanza y vida, cada derrota suele ser irreversible para el enfermo afectado y hay que procurar que al menos no sean producto de la falta de recursos.

“La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”, este ambicioso principio es el primero que recoge el texto de la Constitución de la Organización Mundial de la Salud, organismo especializado de Naciones Unidas que en julio de 1946 ya lo proclamaba, antes incluso de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. De eso se trata precisamente, de entender que la protección de la salud (artículo 43 de la Constitución) es un derecho humano esencial, muy por encima del negocio y la rapiña. No soy un integrista del estatalismo, creo que la iniciativa privada tiene su legítimo papel, pero éste nunca puede ser el desmantelamiento de los dispositivos públicos que garantizan la igualdad y equidad para aumentar el negocio de algunos a costa de la salud de las personas. No nos engañemos, en esa espiral una parte importante de la población (con los inmigrantes a la cabeza) será carne de cañón, y ahí está el sistema sanitario de EEUU para comprobarlo, sin olvidar, por supuesto, que los recursos son escasos y que hay que utilizarlos con sentido común y sin derroches.

En resumen, cuando esté enfermo quiero ver una bata blanca en el diagnóstico y  tratamiento, en el cuidado de enfermería y para expedir los medicamentos, blanca, insisto, y no del color del dinero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

sábado, 25 de mayo de 2013


 Mi columna en SUR el lunes pasado

la niebla de ninguna parte

 Videla ha muerto, la indecencia y la maldad cuentan con un militante menos en este mundo.

 “¿Qué es un desaparecido?...mientras sea desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está, ni muerto ni vivo, está desaparecido”. Esta declaración, cargada de maldad y desprecio por el sufrimiento humano, es del general Videla, de profesión criminal y Jefe de la primera Junta Militar durante la dictadura que asoló Argentina de 1976 a 1983; fusilamientos no, era mejor la desaparición, no dejaba rastro, él no iba a cometer el error de Pinochet, los vuelos de la muerte o las fosas clandestinas ahorraban muchas preguntas, y sobre todo evitaban toda respuesta. “¿Dar a conocer dónde están los restos? ¿Pero, qué es lo que podemos señalar? ¿En el mar, el Río de la Plata, el riachuelo? Se pensó, en su momento, dar a conocer las listas. Pero luego se planteó: si se dan por muertos, enseguida vienen las preguntas que no se pueden responder: quién mató, dónde, cómo”. No se crean ustedes  que estas frases las pronunció el recientemente fallecido dictador como un desahogo a su inexistente conciencia, se limitaba a describir su modus operandi, era un innovador, mataba con discreción, no como otros colegas matarifes de su misma calaña; lo suyo era más limpio, un coche con varios militares secuestraban a “peligrosos” subversivos, los llevan a centros clandestinos de detención, los torturaban con las refinadas técnicas aprendidas en la “Escuela de las Américas” (centro de formación militar de EEUU) y después, “van a la niebla de ninguna parte”, como dijo uno de los verdugos quizás recordando el "Decreto Noche y Niebla" que los nazis aplicaban a la resistencia en los países ocupados. Otro bandido, el  general Ibérico Saint Jean (Gobernador de la Provincia de Buenos Aires), resumía  en mayo de 1977 los objetivos de estos delincuentes, “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después... a sus simpatizantes, enseguida... a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos”. Ambición no les faltaba a esta cuadrilla de fascistas, trabajaban a destajo, sin descanso, hacían lo que más les gustaba, torturar, aterrorizar a personas indefensas, asesinar, y además les ponían sueldo por eso, y un bonito uniforme que lucían por el día, ya que por la noche, que es cuando de verdad trabajaban, se ponían ropa de faena, resistente para aguantar tanto lavado de sangre. Nada que ver con esos pringados que se dejaban la piel defendiendo a sus compatriotas (trabajo teórico de los militares), ¡no!, que vulgaridad, lo de estos matones era liquidar civiles, que es menos arriesgado. Lo tenía claro el capitán Alfredo Astiz, consumado torturador de la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), rindiendo su posición en la guerra de las Malvinas sin pegar un solo tiro, ¡oiga!, que estos soldados ingleses te pueden hacer daño, no es lo mismo que patear hasta la muerte a un rojo, pensaría con buen criterio este “valiente”.
La dictadura argentina de 1976 a 1983 fue una más de las que han jalonado por desgracia la historia de la humanidad, homicidas que dan rienda suelta a su vocación asesina y que se organizan para tal fin mediante el terrorismo de Estado. En España tuvimos nuestra ración, con la diferencia de que Franco se murió en la cama y no en la cárcel como Videla. Lo de Argentina se incardinó en la llamada Operación Cóndor,  plan de coordinación de asesinatos organizado por las dictaduras militares del Cono Sur de América en los años 70, que contó con complicidad de la CIA, como demuestra documentos desclasificados de la Administración de EEUU. Estas bestias pardas aprendieron bien lo que les enseñaron, hasta el punto de que, como dice el senador demócrata Martin Meehan (Massachusetts), “Si la Escuela de las Américas decidiera celebrar una reunión de ex alumnos, reuniría algunos de los más infames e indeseables matones y malhechores del hemisferio”.
Videla ha muerto en la cárcel; no lo ejecutaron, no lo hicieron desaparecer (práctica tan querida por este miserable), tuvo un proceso justo y se respetaron sus derechos, a él, que tanto esfuerzo dedicó para pisotear los de los demás. Nunca me he alegrado de la muerte de nadie, pero hay que decir que la indecencia y la maldad cuentan con un militante menos en este mundo. Como dijo el fiscal Julio César Strassera en el juicio a las Juntas militares en 1985, “Señores jueces, quiero utilizar una frase que pertenece ya a todo el pueblo argentino: Nunca más.”